Reseña: Frailty - Tumši ūdeņi






Desde Letonia nos llega el que, para el que suscribe, es (¿era?) una de las bandas de doom metal más interesantes surgidas desde el cambio de siglo. Comenzaron siendo los enésimos imitadores de My Dying Bride (unos buenos imitadores, todo sea dicho). Pero con su segundo larga duración ‘Melpomene’ (2012) dieron un gran paso adelante para labrarse un sonido más elaborado, personal, e intenso. Con ciertas pinceladas de folk y alguna que otra influencia progresiva. Conversión que remataron con su tercer disco, el magnífico ‘Ways of the Dead’ del 2017. Que con motivo de la partida de su teclista, al cual nunca sustituyeron, acentúan el tono folk y trallero, dándole más protagonismo a las guitarras, rozando a veces el death metal puro y duro. Mostrando una banda que poco tenía que ver ya con la de sus inicios. Y en este 2020 nos llega su 4º disco, ‘Tumši Üdeņi’, editado de forma independiente, y del cual hablaremos a continuación. Uno de los lanzamientos de este año más esperados por mi persona. Pero cuyo primer adelanto no me dejó buenas sensaciones. La escucha del álbum completo la he ido aplazando hasta hoy, por aquello de no querer llevarme una decepción (demasiadas ya este año). ¿Se confirman las sospechas? Pues… Si, y no.

No sé muy bien cómo describir la sensación. Es como ir a un restaurante muy caro, pero que la comida sea como la de tu abuela. Ella cocina de puta madre, pero tú esperabas algo más sofisticado. Aquí algo parecido. Este 4º disco es bueno. Es muy bueno de hecho. Pero, tras la evolución mostrada con los dos anteriores, uno esperaba que siguieran por ahí. Esos Frailty siguen aquí. Pero de una forma mucho más sutil. Dejando paso a un doom / death algo más genérico. Diluyendo el toque arabesco que les caracterizaba, hacia algo más denso. Dejando cierto regustillo agridulce a paso atrás. Cosa que, de hecho, la propia banda ha reconocido en una reciente entrevista en doom-metal.com. Según palabras textuales, “comparte mucho con el primer material que realizamos, sin embargo todo está mejor hecho”. Y esto hay que remarcarlo y dejarlo claro. Por mucho que hayan “vuelto a las raíces”, todo suena mucho más elaborado que entonces.

Dejemos esto de lado, y tratemos de analizar el disco de la forma más objetiva posible. Ya solo con el título, ‘ Tumši Üdeņi’ (“Aguas Oscuras” en español), queda clara una de las principales novedades. El abandonar el inglés y comenzar a escribir letras en letón, su lengua natal. En cuanto a producción, se ha optado por recurrir a una algo más sucia y garajera, supongo que para acentuar el sonido más denso que querían transmitir. Especial mención merece la voz, a la cual han dotado de más fiereza. Donde no ha habido cambios es en la formación, la cual se mantiene estable desde la citada partida de su teclista en el 2013. Martins Lazdāns a la voz. Jēkabs Vilkārsis a la guitarra rítmica. Edmunds Vizla a la guitarra solista. Andris Začs al bajo. Y Lauris Polinskis a la batería. Ya adelanto que a este último lo voy a mencionar varias veces. El trabajo que hace en este disco es espectacular.

Comenzamos con ‘Tumši Ūdeņi Drūmi Čukst Krēslā’, uno de los temas más agresivos del álbum. Donde una breve intro acústica pronto da paso a riffs machacones y asesinos. Algo que los propios Novembers Doom en su época más encabronada te lo firmaban. El interludio semiacústico que llega poco después supone una pequeña pausa para que termines de digerir lo que acabas de escuchar, ya que pronto vuelve la burrería. Aquí debo detenerme un momento a alabar el trabajo de Lauris Polinskis a la batería, ante quien debo quitarme la gorra. El cual demuestra una pegada brutal, y una versatilidad que impresiona. Para el final, un nuevo cambio de ritmo, hacia un pasaje más atmosférico, lento, y melódico.

‘Es Degu’ recuerda más a su 3ª obra, con esos toques arabescos tan característicos. Con un Martins Lazdāns mostrando su faceta más salvaje, que parece que va a vomitar el intestino delgado en cualquier momento. Un tema corto pero directo a la yugular. ‘Tā Aiziet Gaisma’, por contra, es el tema de la discordia, el adelanto que me hizo arrugar el morro. Aquí pisamos el freno, y como adelanté, recuerda demasiado unos Paradise Lost del nuevo siglo, y demasiado poco a lo que ellos mismos dieron forma en sus dos anteriores trabajos (salvo los pasajes acústicos de ciertas reminiscencias a Agalloch). De hecho, creo que es el tema más genérico del disco, y que escogieron el peor de todos a modo de adelanto. Aunque no por ello es malo, y debo reconocer que gana con las escuchas.


‘Azraēla Svece’ es un corte aun más lento y pesado, donde el enfoque más rudo de las voces encaja a la perfección. Con unas melodías de guitarra que recuerdan vagamente a My Dying Bride, pero sin perder demasiado la personalidad labrada. Un interludio muy post-rockero, a través de un in crescendo da paso de forma magistral hacia un pasaje casi de death metal, con blast beat incluído. Un monumento para el batería, por favor, porque aquí se saca la chorra de forma épica.

Pasamos el ecuador del disco, y llega el turno de ‘Pa Baltu Sniegu Nāve Nāk’. Que aunque comienza como otro homenaje a los My Dying Bride de la época del The Light at the End of the World, pronto pisan el acelerador. Para ofrecernos otro trallazo. A destacar esa variación de las melodías pseudo-folk de guitarras que ya hemos escuchado antes, pero esta vez tocadas con tremolo. Un recurso que les ha quedado genial, y que es una lástima que no hayan explotado más. ‘Veļu Māte’ comienza con una intro acústica, sucedida por unos ritmos marciales y casi tribales. El cual goza de la presencia de unas sutiles orquestaciones que recrean una atmósfera de oriente medio la mar de molona. Un tema denso, poderoso, con una batería magistral, con melodías elegantes. Sin duda alguna donde más se recuerda a su anterior disco. Y, vaya, el corte que más me ha gustado.

Y con la épica ‘Tūkstoš Balsis’ nos despedimos de este disco. Tema cuyos primeros instantes recuerdan (quizás demasiado) al anterior track. Ritmos densos y marciales, aunque no tan atmosféricos. Aunque aquí debo destacar, por última vez ya, al maestro Polinskis, y esos magistrales quiebros que se marca. Un tema que va in crescendo de forma muy sutil, y que para la 2ª mitad nos deja una colección de riffs absolutamente deliciosos a la par que macabros. Para luego explotar y difuminarse en unos lejanos cantos de ultratumba. Magnífica forma de cerrar.

Para terminar, a modo de resumen, no me queda otra que repetirme un poco. Si. Objetivamente, es un muy buen trabajo. Si os va el doom metal, no dudéis en escucharlo. Pero insisto una última vez. Como fan que les venía siguiendo la pista desde hace un tiempo, este “retorno a las raices” me ha dejado sensaciones encontradas. Supongo que con sucesivas escuchas, que le daré un futuro incierto, acabaré asimilando este “nuevo” sonido. A ver qué les depara el futuro. En la entrevista citada en el 2º párrafo, aseguraron que ellos no se ponen barreras, y componen lo que sienten en ese momento. Y, medio en broma medio en serio, declararon que igual un día de estos les da el venazo, y componen un disco de black metal.
 
 

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