Reseña: Helevorn - Aamamata.

Anda que no esperaba con ganas esto, amigos, creo que ya lo he ido dejando claro en las últimas semanas mientras este ente iba tomando forma sólida y visible. Efectivamente, os hablo del cuarto disco de la ya consolidada banda mallorquina de Doom Metal Helevorn, casi nada para el cuerpín, socios. Formados hace unos 20 años, la banda se toma con calma el proceso de elaboración de sus discos, cosa que mantiene el interés de sus seguidores y que, sobre todo y más importante, les permite madurar su material hasta obtener resultados como el que presentan en este 2019. El hecho de coincidir en espacio y tiempo con bandas como ellos me ha permitido ver y aprender de muy cerca su evolución, apreciar cómo trabajan de cara a su material y ver todo el esfuerzo personal, económico y mental que les conlleva y lo cierto es que el de Helevorn es el caso de una banda que vive lo que hace lo suficientemente en serio y con la suficiente pasión como para tomártelos así como banda.

En este caso, la banda mallorquina lleva cosa de dos años metida de lleno en la elaboración de este Aamamata, dejando muchas cosas de lado para centrar su concentración en todo lo que iba a envolver este trabajo cuyo concepto gira alrededor de la tumba acuática en la que se ha ido convirtiendo para mucha gente el Mar Mediterráneo y en muchas otras de las miserias del ser humano más allá de esto, creando un envoltorio ideal para un disco negro, oscuro, a ratos fúnebre y con unas letras cargadas de un mensaje que despierta los retazos de humanidad que podamos tener más escondidos. Alegría pura, por supuesto, esto es el Doom Metal, colegas. Conociendo a las 'mentes creativas' de la banda y sabiendo cómo controlan y viven este tema, por supuesto esperaba encontrar un disco cargado de sentimiento, visceral y con mucha pasión en la interpretación del material que contiene y, desde luego, es lo que he encontrado.

Aamamata es, sin duda el disco más duro de Helevorn, en muchos de los sentidos de esa palabra. Siempre han dedicado su temática a asuntos con mucho cuerpo y haciendo reflexionar al que le acerca el oído, pero pocas veces lo han hecho implicándose de una forma tan personal. Eso se transmite a un sonido algo más seco que el visto en Compassion Forlorn o Forthcoming Displeasures y diría que más denso pues, siendo Helevorn una banda que gusta incluso a más de algún insensato que suela renegar del Doom, aquí encontramos la vertiente más tosca de la banda y que más atención requiere. En los anteriores trabajos tenías temas como Burden Me o Two Voices Surrounding que se hacían ciertamente agradables a las primeras escuchas dentro de la poca accesibilidad que te pueda ofrecer este género (ayudaba mucho el teclado, que en este trabajo aporta un aire más melancólico y oscuro de lo normal) pero, amigos, aquí de eso hay poquito. Esa parte ha quedado sepultada bajo un mensaje que pide ser transmitido con dureza. El conjunto de nueve temas acaba conformando una hora de disco, cosa que, en la época del streaming, es arriesgado salvo que tengas algo importante que decir (afortunadamente es el caso).


Entrando en los temas, el disco arranca con mucha fuerza lanzando a la cara el que es su segundo single, A Sail To Sanity, un corte bastante potente que pone en alza la dureza del disco. Un riff machacón insiste en golpear la mollera del humano que lo escucha para atravesar sus barreras y despertarle la sensibilidad. Ojito al pasaje instrumental que esconde a la mitad, con guitarras, bajo y teclados fundiendo una atmósfera plagada de colores (oscuros, que esto es Doom) y matices, oro del bueno, nenes. Le sigue Goodbye To Hope, un tema que empieza poco a poco, ganando fuerza gradualmente, hasta desatar una poderosa tormenta que nos arrastra a Blackened Waves, un single muy melódico, que avanza relajado y prácticamente sin guturales. Es en estos temas Helevorn donde sacan su vertiente más sentimental y, ahí, la suelen clavar (¿Hace falta que os haga escuchar Reason Dies Last otra vez?).

Ahora me voy a detener para hablar de Aurora, tema dedicado a Aurora Picornell, una mujer mallorquina, gran luchadora por la defensa de los derechos humanos, asesinada por el fascismo ahora hace 82 años y cuyo cuerpo aún no ha sido hallado. En este tema Josep lo borda por todos los costados (si bien es cierto que lo hace durante todo el disco) y no hay duda de que es uno de los mejores de Aamamata. El tema arranca con un pasaje cantado por Julia Colom mientras Jaume Compte, acompaña con un baglama y un bouzuki, instrumentos típicos de Turquía y Grecia respectivamente, a partir de ahí encontramos uno de los cortes más ambiciosos de toda la carrera de la banda, interpretado con un sentimiento, por cada uno de los miembros, que te atrapa el alma. Todo el corte está envuelto de una atmósfera fuerte y densa que en su interior contiene muchos detalles que cuesta pillar a la primera pero, una vez has acabado ahí dentro, no saldrás por mucho que patalees. Es lo que tiene el Doom Metal bien hecho, que cuesta que te pille porque se mueve poco a poco pero, cuando lo hace, no puedes escapar.

Continuamos con uno de los temas más directos del disco, Forgotten Fields, con un rollete a los Saturnus más cañeros muy molón, antes de pasar a otro de los momentos estrella del disco y, sin lugar a dudas, mi favorito: Nostrum Mare (Et Deixo Un Pont de Mar Blava), adaptación de un poema de Miquel Martí i Pol traducido a ocho idiomas e interpretado, durante el tema, en griego, maltés, castellano, árabe, catalán, italiano, fancés y hebreo, los idiomas salpicados por el Mediterráneo. La interpretación de todas las colaboraciones es gloriosa pero, cuando entra la voz de Josep, aquí tienes a uno al que se le caen los huevecillos al suelo, colega. Luego, de nuevo, la interpretación de Julia Colom le da mucho aire al tema y acaba de lograr que se te pongan los pelos como escarpias. Es un tema absolutamente brutal en todos y cada uno de los segundos que dura.


Afrontando la parte final del disco encontramos Once Upon A War, un tema diferente, muy tosco y al que cuesta pillarle el punto, pero que tiene un encanto majete, tanto como The Path To Puya, en el que colabora Heike Langhans de Draconian y que personalmente me encanta, pues es el tema más largo del disco y tiene bastantes cambios de ritmo e intensidad y momentos que me tienen muy enganchado (ojo, por ejemplo, al dueto vocal Heike-Josep...). Para cerrar nos queda la adaptación que la banda ha hecho de la Sibil·la, una profecía pagana que le canta al fin del mundo y que es tradicional que sea interpretada en muchas iglesias de Mallorca el 24 de diciembre. Helevorn ya la versionaron en acústico para la televisión autonómica balear pero, para esta ocasión, le han aportado detallitos que la hacen aún más atractiva y, como su letra engloba bastante bien el concepto que rodea al álbum, sirve como un cierre perfecto a este gran trabajo que es Aamamata.
 
Estoy muy contento por Helevorn, de verdad, el esfuerzo puesto en Aamamata ha dado resultado con un gran disco, muy poderoso y con una carga sentimental que se transmite directamente al oyente, quien queda atrapado en la oscuridad y la miseria del hasta ahora cristalino mar Mediterráneo a través de la capacidad de la banda para hacer llegar sus emociones. El trabajo en la sombra de Miguel Ángel Riutort "Mega" en la grabación y producción y de Jens Bogren en la masterización también ayudan a darle forma y consolidar bien las ideas de la propia banda, dándoles un sonido muy grueso y con mucho cuerpo. Al final, ha quedado un auténtico discazo de muy buen Doom Metal que, en casi la hora que dura, se pasa muy rápido y te lleva en volandas hasta su gran final. Enorme, chavales.

Perdón por el tochaco.

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