Reseña: Karmak - Extremófilo.

Vamos con una de cafres, colega. Ya lo indica el nombre del disco, "extremófilo", término procedente del griego y viene a significar "amante de las condiciones extremas" o algo así, yo qué sé. Total, que lo que tenemos entre manos es algo así como un disco de covers de Foreigner. Karmak es una curtida banda de la escena extrema nacional, formados en 2001 y con tres discos de larga duración a sus espaldas, Mamut (guitarra y voz), Garba (bajo y voz) y Lipri (batería) nos vienen a estas alturas de la película desde Venta de Baños, Palencia (te juro que pensaba que el nombre era de coña) con un zapatazo de Death Metal, Grindcore, Thrash nosequé... yo qué sé, zapatilla pura y dura (y no, no J'Hayber, desde luego) en el que dicen que es su disco más melódico hasta la fecha (imagina cómo son los otros). Le llamaremos Grindcore de toda la vida para que tengáis una referencia de cómo suenan esta panda de colgaos adictos a lo extremo. 

Con influencias de Misery Index, Dying Fetus, Cattle Decapitation o Brujeria, el tercer LP de Karmak se muestra furioso, maligno y mega-cabrón, dividiéndose en 14 cortes que alargan la agonía hasta los 26 minutos. El disco avanza con rapidez y sin respirar entre ritmos rápidos y contundentes, un conjunto de dos voces, a cada cual más cafre, que se alternan durante cada tema y la producción suena sucia, corrosiva y como pide un disco de este estilo. Extremófilo ha sido grabado en los Estudios Eldana por Jorge Calderón y mezclado y masterizado por Pablo Blanco en sus Aromestudios. Todo el tema del diseño (cojonudo por cierto) corre a cargo de El Bruto. 

El trabajo en sí está dividido en dos partes, Extremo y Filo. La primera arranca con el desagradable sonido el milagro del nacimiento (un parto, de toda la vida) y sigue por los derroteros de la tralla con la vacilona Paraíso Inhabitable o la durísima Especialista en la Miseria, uno de los cortes más destacados del plástico. Si me lío a describir el disco tema por tema me voy a repetir más que un yogur de ajo caducao, claro. Los temas de este nuevo trabajo de Karmak tiran por los senderos de la tralla burra, sin compasiones y me obligan a tirar del topicazo ese de que "no toman prisioneros". Estos tíos han venido desde Palencia a dejarte la puta cara como un mapamundi de colorines y de eso trata su escucha, si eres de oído refinado esto te superará como te superaría meterte en una jaula con el puto Mike Tyson. Otro corte, de la zona "Extremo", que parte la pana es Odio a Dios, en la que los dos vocalistas escupen toda su furia contra el altísimo. El resto también mola, el disco no se hace repetitivo y es que estos tíos, además de meter zapatilla, saben tocar bien y variar tema a tema, aunque algunos de estos apenas superen los treinta segundos de duración.


La segunda mitad del disco, "Filo", empieza con una intro más mística y menos explícita que la del parto de Extremo, pero vamos, que lo que le sigue es más tralla. Igual cambia un poco la temática de las letras, pero la maquinaria riffera sigue a pleno rendimiento en cortes como Matador, La Patología de la Apología o Harina Esparcida, en la que el protagonista la palma y le dedican En Omisión, un minuto de silencio que cierra el disco en honor a ese tipo y a ti, oyente, que has llegado al final del mismo con los intestinos fuera y despellejado cual pollo en matadero.

En total, amigos, 26 minutos zapatilleros, furiosos, y bien abrasivos, que pasan volando y entretienen sobremanera. Normalmente el mundo del Metal es injusto con grandes bandas, que parecen condenadas al underground a pesar de ser cojonudas en lo suyo. Karmak llevan desde 2001 pelándose el culo por repartir el Metal Extremo que les mola, con las influencias mencionadas arriba y luchando por seguir en la escena, para ello nos presentan Extremófilo, que es otro ejercicio de garra y huevos de estos tipos que, si bien no reinventarán el Grindcore ni ninguna de sus variantes (tampoco se lo pido), le rinden un portentoso homenaje que debería hacer las delicias de cualquier seguidor de los sonidos corrosivos y malignos del rollo. Y, por si no lo habéis notado, a mi me parece un disco cojonudo.

Ah, y dejándonos de gilipolleces, os recomiendo que os lo pilléis y disfrutéis de su artwork desplegable, cosa que se ve poco estos días, y le echéis un ojo a las letras. Mucho más serias y curradas de lo que podríais intuir por la cantidad de polladas que he soltado en la reseña.

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