Crónica: MACHINE HEAD (Santiago de Compostela)


Segunda venida de Machine Head por tierras gallegas en dos años, después de que su anterior paso a principios de 2016 fuera un éxito apabullante de público. El recinto no variaba, la sala más importante de esta tierra, como es la compostelana Capitol, volvía a ser la sede elegida por el grupo estadounidense, que venía a presentarnos su controvertido en cuanto a crítica y aceptación “Catharsis”, publicado unos meses antes. A todos nos temblaron las rodillas cuando Robb Flynn tuvo que suspender conciertos por los States debido a una infección pulmonar, y más aún cuando cuatro fechas europeas fueron canceladas sin mucho motivo (se sobreentiende que necesidad de descanso) entre que las que se encontraba la de mis compatriotas valencianos, una gran putada a poco más de un mes vista del evento.

El cartel de no hay billetes se volvió a colgar en Santiago por segunda vez consecutiva, saben que esta tierra tienen un buen núcleo de fans, y no solo Machine Head, el anterior sold out de Black Label Society o la cada vez más grande afluencia de un Resurrection Fest en alza, hace presagiar que en Galicia y zonas colindantes del norte (muchos hermanos nuestros de Asturias y el norte de Portugal sobre todo) el rock y el metal está en un estado de gracia como el que no se veía en mucho tiempo.

La tarde/noche no acompañaba meteorológicamente por mucho que según la teoría ya estemos en primavera, aún así antes de la apertura de puertas ya se veían grupos de gente agrupados con paraguas en los aledaños de la sala, ya se sentía el picorsito de las grandes noches. Se sabe que la banda de Oakland es de lo mejor del panorama a nivel de directos, y si a eso sumamos su nueva estrategia de hacer bolos de más de dos horas y media sin teloneros, repasando buena parte de lo imprescindible (y alguna joya inesperada, pero ya llegaremos a eso) de su discografía, da como resultado que casi nadie que alguna vez sintió atracción por esta gente, fuera cual fuera su época preferida de la formación, tuviera la fuerza de voluntad necesaria para quedarse en casa y perderse tan magna velada.

A las 20:00 todos entramos al recinto, donde se podía ver que la estética del escenario estaba muy cuidada, probablemente más que su anterior visita, jugando con el estilo del videoclip del tema título de su última obra. Una buena cantidad de clásicos de grandes grupos como Metallica, Killswitch Engage o Kvelertak sonaron por los altavoces a un volumen considerable para amenizar la espera y a las 21.00, con cero de retraso, empezaba la intro que daba el pistoletazo de salida a la batalla, estiré las piernas por última vez, me anude bien la sudadera a la cintura y voilá “Imperium” salió de la nada para dejarnos noqueados al primer minuto, el sonido en este punto era bueno pero no impecable, cosa que se solucionaría con el paso del tiempo y las canciones. “Volatile” fue el segundo puñetazo encima de la mesa, y donde me confirmó que el último plástico tiene temas enormes, que nada tienen que envidiar a otros pasados, y este es uno de los mejores, y que probablemente se quede en setlist de posteriores giras. Sonaron arreglos de violines y eso no puede significar otra cosa que “Now We Die”, que ya se convirtió en un hit absoluto, sobre todo entre los fans más jóvenes y que se engancharon a Machine Head en su segunda edad de oro a partir de “Through the Ashes of Empires”. No había un jodido minuto de descanso, porque “Beautiful Morning” y “The Blood, The Sweat, The Tears” fueron las siguientes en llegar y no son precisamente baladas las cabronas, en este punto alguno ya se tuvo que ir a la barra a respirar o a volcarse una cerveza para refrescar el gaznate, porque no hay ser humano que aguante semejante descontrol metalero, tiene habido batallas en Vietnam con más tranquilidad, un concierto de estos es especialmente recomendado si quieres por unas horas olvidarte de todos tus problemas cotidianos, sales físicamente hecho una mierda, pero mentalmente nuevo.

Kaleidoscope” había entrado por primer vez en repertorio unos días atrás en Francia, lo cual me alegró muchísimo, porque me parece otro de los grandes aciertos del “Catharsis”, con ese gran estribillo que se te queda pegado a la cabeza como chicle al zapato. Después de este momento todos los componentes excepto Phil Demmel se metieron entre bambalinas, lo que significaba que venía el solo de guitarra, donde el maestro de las seis cuerdas en vez de avasallarnos con cientos de miles de notas por segundo jugó mucho con melodías y acoples, bastante original, teniendo en cuenta que no deja de ser un momento de trámite para que el resto del personal se tome un descanso. Robb Flynn volvió con una guitarra acústica, mientras daba el primer speech largo de la noche (la verdad es que no estuvo tan parlanchín como otras veces) y recordaba las anteriores venidas de Machine Head por Galicia (dijo que vinieran hace un década con Slayer, pequeño lapsus, fue con Slipknot, pero se le perdona) y que eramos un público maravilloso (oh que sorpresa, no nos lo dice nadie) antes de entonar uno de sus grandes éxitos de los últimos tiempos como es el mélodico “Darkness Within”, que es esa canción que le pones a tus amigos poco amantes de la distorsión y el mundillo metalero para enseñarles a que suena este grupo sin que se asuste. Muy reseñable el público cantando a capella la melodía final durante más de un minuto (y probablemente de dos) con el grupo dándonos un cálido agradecimiento al final.

Catharsis” fue la siguiente en caer, con sus maravillosos contrastes entre lo profundamente íntimo de algunas estrofas y el martilleante galope del estribillo y los solos, jodidamente enorme, mejor que en disco todavía. Hago un paréntesis para decir que en este punto el sonido ya era de sobresaliente absoluto, algo normal en esta sala el 90% de las veces, y si a eso le sumas el nivel estratosférico de los cuatro músicos pues te da como resultado un puñetero lujo de show. Tiempo para que los fans “old school” sacaran sus recuerdos a pasear con “From This Day” y “Ten Ton Hammer”, dos de los mayores himnos de su época noventera, y que pusieron aquello patas arriba, con ese tufillo mas a nu metal con el que sonaban entonces, riffs menos técnicos que en otras etapas pero que son precisamente de los que más hacen botar.

Is There Anybody Out There” fue un single que sacaron hacen un par de años, con un sonido mucho más groove comercial modernete (más sonido Five Finger Death Punch o Shinedown para que os hagáis una idea), y que sorprendentemente es la segunda canción más reproducida del grupo en Spotify, no la esperaba para nada en el setlist de la gira, pero fue una sorpresa positiva, los fans de vieja guardia del Burn My Eyes no la querrán ni ver, pero los veinteañeros la disfrutamos como condenados, es lo bonito de la música, cada uno tiene sus perspectivas al respecto. Todo se teñía de verde para dar paso a “Locust”, el gran hit de la nueva era, es de las pocas canciones de esta gente donde el respetable canta más que salta o corre, instrumentalmente excelsa como siempre.
Con cualquier otro grupo esto debería estar llegando a su fin, pero no, todavía vendría “Bastards” y su aire folk, la cual me sirvió para coger aire, el último recuerdo de su época numetalera con “Bulldozer” y un momento clave como es “Killers and Kings” donde ese principio con ese riff en espiral volcó el recinto de una manera descomunal, la gente ya estaba en un estado de éxtasis total, con la lengua por las rodillas y la camiseta como si acabara de salir de una piscina, y que la siguiente es “Davidian”? Pues ya está, decidle a mis padres que los quiero si no vuelvo (afortunadamente volví, aunque con algún percance, ya enseñaré foto al final)

Pequeña pausa para enfilar el encore con alguna sorpresa mayúscula como “A Farewell to Arms”, en la que casi lloro de la emoción (ese final es de lo más infravalorado de este grupo, yo lo pondría en un manual de cómo hacer este tipo de música, la oda al headbanging en cuatro minutos, simplemente genial) o “Blood for Blood” que fue de lo más bruto que escuchamos en toda la noche, si cerraba los ojos juraría que Kerry King y sus Slayer estaban encima del escenario. Y las que todos esperábamos como “Aesthetics of Hate”, “Game Over”, la cual ya se ha convertido en un auténtico éxito, o ese final con “Halo”, confeti incluido, donde se daba por cerrada otra clase magistral, otra lección de cómo hacer un directo de estos cuatro melenudos que nunca defraudan cuando suben a un escenario, por muy controvertido que sea el último disco que acaban de sacar, por mucho que Robb Flynn te caiga mejor o peor, están en el olimpo del rock y del metal por algo, y siempre que tu tiempo y tu cartera te permita comprar su entrada vete, saldrás tan cansado como feliz. Mi cuello al día siguiente estaba hecho papilla, aunque no fue lo más perjudicado. Adjunto destrozos:
 

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