Crónica: Metallica en Madrid (3 de febrero)

Metallica, la banda de Metal más conocida, querida y odiada del mundo, volvía a nuestro país casi seis años después de aquel Sonisphere de Getafe, en el que me desvirgaba en el ambiente festivalero. Mucho han cambiado las cosas desde aquel cartel, como que el cantante del otro cabeza murió el año pasado, Slayer han anunciado gira de despedida, Machine Head dejaron de participar en eventos de este tipo o Kyuss Lives dejó de vivir como tal. Lo único que no cambia es el estatus de Metallica, que vendieron dos palacios de deportes (o Wizink Center....) y un Palau Sant Jordi en cuestión de horas, dejando claro que la gente tenía muchas ganas de ver a James Hetfield, Lars Ulrich, Rob Trujillo y Kirk Hammet de nuevo en nuestros escenarios.

Tras cosa de hora y media de cola mientras digería la poco desdeñable cantidad de tapas y raciones que llevaba en el cuerpo, pasamos las estrictas medidas de seguridad sin problemas (lo de las cadenas no era broma, por minúsculas que fueran, aunque mejor que se pasen de estrictos a que se queden cortos si de seguridad se trata, también te lo digo) y agarramos una buena posición mientras esperábamos el inicio del show.

A la hora prevista, Kvelertak se lanzaban sobre el escenario para abrir la velada con su poderosa propuesta que mezcla estilos como les da la gana. Con un sonido de mierda, con perdón, a un volumen lo suficientemente bajo como para que yo, en 4ª/5ª fila pudiera hablar con el de al lado sin alzar mucho la voz (odio a la peña que habla continuamente durante los conciertos, pero es para poner el ejemplo), los noruegos entregaron todo lo que tenían en un setlist de diez temas. Se adaptaron bien al escenario central y no dejaron fuera sus costumbres, como la de Erlend Hjelvik de salir con su aparatosa máscara con forma de búho, que sorprendió a más de uno que desconocía a la banda, o la portentosa bandera que sacan al cerrar su actuación. Alternaron temas de sus tres trabajos como Bruanne Brenn, que de haber tenido un sonido digno habría funcionado genial sin la más mínima duda, 1985, o un explosivo final con Blodtorst, Manelyst y su tema homónimo Kvelertak. La banda, habitual de salas pequeñas, no se arrugó frente a todo un Wizink Center que se fue llenando poco a poco mientras avanzaba la descarga de los noruegos, y se dejó el alma derrochando actitud, buen hacer... y sí, unos huevazos de hormigón armado.

Pero solo era el aperitivo, la tapita que te ponen con la primera caña o el primer vermouth, y ahora venía el plato principal. Impacientando al respetable con cerca de veinte minutos de retraso, The Ecstasy Of Gold y la intro de Hardwired... To Self-Destruct (un disco dignísimo, aunque excesivamente largo a mi gusto) despertaron el fervor de un público que alternaba diferentes edades, desde el chavalín de siete años que se subió al escenario justo antes de Sad But True como el colega de turno que ya los vio en el 87'. Los dos temas iniciales de su reciente obra, Hardwired y Atlas, Rise, abrieron la veda mientras los cubos situados sobre el escenario aportaban su parte al show visual de Metallica. El público empezó animado, sin duda, pero nada comparado con la terrible explosión que supuso Seek & Destroy, el primer clasicazo que Hetfield iba a cantar en la noche, que volcó el garito y empezó a mostrar cierta mejoría en el sonido de la banda, algo bajo y falto de punch al inicio. No funcionó tan bien una inesperada Leper Messiah que, pese a ser otro tema clásico de Metallica, dejó algo parado al público de forma ciertamente inexplicable. Welcome Home (Sanitarium), otro tema de los que van bailando del setlist, dejó paso a Now That We're Dead (con pequeño solo de batería por toda la banda, aporreando unos cubos cada uno en una esquina del escenario) y Confusion, los dos temas de Hardwired que menos funcionaron. Una de las piezas más célebres de los de San Francisco, For Whom The Bell Tolls, que atronó como pocas, dejaba paso a Halo On Fire, que sí triunfó entre el respetable, cosa que me sorprendió, no te engañaré y ésta nos conducía a uno de los momentos más comentados del show: cuando Rob Trujillo a la voz y Kirk Hammet a la guitarra versionaron el mítico himno de Obús, Vamos Muy Bien, con la gente debatiéndose entre la estupefacción, la risa y el ánimo de cantar un tema que cualquier JEBI del país conoce. Realmente Metallica vienen haciendo lo mismo en toda la gira, tocando un tema mítico del país dónde están (anoche, en el segundo concierto madrileño de la gira, cayó Los Rockeros Van al Infierno, no te digo más) pero nos sorprendió bastante su elección, aunque no tanto como a los propios Obús que se enteraron por las redes sociales de que la banda más grande del planeta tocó un tema suyo, y, ciertamente, me molan estos detalles.

La cosa siguió con un homenaje por parte de Rob Trujillo al bueno de Cliff Burton con la intro de Anesthesia (Pulling Teeth) con imágenes del fallecido bajista de Metallica y el cover de turno, siendo Die, Die My Darling de Misfits la elección. Seguidamente, James Hetfield no nos dejó tiempo para acompañarle en esa vertiginosa intro vocal de Fuel, aquella que ni él pronuncia como debería (GIMMIFIU GIMMIFAI...) por la velocidad a la que lo escupe, y le siguió Moth Into The Flame, con un ejército de drones iluminados haciendo las veces de luciérnagas, dando un elegante efecto visual al tema, antes de la metralleta de clásicos que iban a precedir al encore: Sad But True (en el que, como he mencionado, subieron al escenario a un chavalín que, a sus siete años, vivió la experiencia de su vida), una sosa One (poco visual comparada con otras actuaciones) y una atronadora Master Of Puppets que acabó con las fuerzas de más de uno mientras Lars Ulrich vacilaba al respetable como es costumbre en el batería danés. Ni treinta segundos para hacernos creer que se iban y Metallica volvían al escenario central para interpretar la demoledora Spit Out The Bone, su mejor tema en muchos años para un servidor, acompañada de unas portentosas llamaradas y algún potente mosh pit, y las imprescindibles Nothing Else Matters (récord de móviles al aire, ahí la medida de Steven Wilson de prohibir fotos y vídeos en sus conciertos me acabó de parecer cojonuda) y Enter Sandman, que con su pirotecnia y todo el público cantando hasta el diálogo central del tema, cerró lo que sin duda fue un muy buen concierto.

Un muy buen concierto, sí, cierto es que sonaron algo menos afilados que en otras ocasiones, pero Metallica volvieron a dejar claro su gigantesco estatus en un Wizink Center lleno hasta los topes. El público alternó momentos de auténtica locura con otros más calmados en momentos en que me causó relativa sorpresa, pero disfrutó al máximo la descarga de los de San Francisco, que sentaron cátedra casi seis años después de su última visita a la capital y 31 años después de la primera, como se encargó de recordar Lars Ulrich en el speech final antes de lanzar 134586432158 púas al respetable, que seguro las guardará como oro en paño. Por mi parte, me habría gustado muchísimo más el setlist que presentaron el día 5, con más representación del Ride The Lightning (mi álbum favorito de la banda sin duda alguna) pero teniendo en cuenta que lo gocé como un gorrino en un lodazal, pues tampoco me voy a quejar. Esperamos que no tarden otros seis años en volver...

Siiiiiiiiiiiiiiii, os dejo el vídeo del Vamos Muy Bien:

 

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