Reseña: Agónica - Collapse.

Me gustaría saber qué desayunan en Blood Fire Death para manejar tanta joya junta, colegas. Tras los discazos que nos han llegado de sus manos como son los de Zerobyte, Violent Eve, MortSubite, Barbarian Swords o Close to the Sky entre otros muchos, hoy es el momento de presentar a los vigueses Agónica, una banda practicante de un potente y técnico Death Metal, con algún tinte groovero, que me ha volado la cabeza. Este es su segundo LP tras A New Onset y es el trabajo que debe consolidarles a nivel nacional, y entre su enorme labor en este Collapse y el buen hacer de Blood Fire Death, estoy seguro de que lo lograrán. La banda, actualmente, está formada por Marcos Chao a las voces, David Veiga y Carlos Herbello a las guitarras, Ismael Couñago al bajo y Kike Lagoa a la batería, pero al estar este último lesionado de una mano, Marcelo Rubén Aires (Colosso, Sullen, Wako) se encargó de grabar las baterías como músico de sesión. La grabación y producción de guitarras y baterías corrió a cargo de Pedro Mendes en los Ultrasound Studios de Braga y de los bajos y voces se encargó André Rodrigues en los Fullpower Studios, también de Braga. La mezcla y masterización fue realizada por Tristán Iñiguez en sus Auryn Studios de Aretxabaleta, Gipuzkoa.

El tiempo, dinero y trabajo invertidos por la banda han dado su fruto, pues el disco suena como un auténtico cañón, potente y nítido, y su magnífico sonido ayuda a disfrutar aún más las composiciones de Agónica. Además, en Collapse se aprecia una clara evolución en las creaciones y el sonido de la banda, mucho más elaborado y con una mayor madurez, adquirida durante sus ya más de diez años como banda (ups, no lo he dicho, se formaron en 2004). Agónica suenan agresivos y compenetrados, no están para bromas y plasman toda su furia en este más que notable álbum.

Le damos al play y The King Of Worms no tarda ni dos segundos en explotar en nuestra cara, sin miramientos, a puñetazo limpio con un tema agresivo en el que destacamos el dinámico juego de riffs y la potencia de Marcelo aplastando los parches. Agónica no quieren hacerte esperar dos minutos con una intro insulsa metida con calzador... más bien estos te calzan la hostia nada más empezar a través de un tema muy completo. Seguimos con When A Man Refuses His Own Being, un tema de aires oscuros e inquietantes, en el que los instrumentistas se lucen a lo largo del primer minuto con un juego de ritmos soberbio antes de que la potencia vocal de Marcos tome las riendas del tema. Unwritten Laws, goovera y machacona, un temazo de los guapos y Rising Fools, en la que el doble bombo suena como una maldita metralleta, siguen mostrando la vertiente más bruta y directa de la banda, arrasando sin prisioneros y poniendo a prueba los altavoces nuevos de un servidor. Si sobreviven a esta avalancha, será buena señal.



Agónica tienen talento, chavales. Aquí hay nivel, se nota, y estoy convencido de que se notará aún más en próximas obras. Manejan influencias de varios estilos de Metal Extremo y las reflejan con unos juegos de guitarras y ritmos realmente buenos, además, la voz de Marcos se adapta perfectamente a cada uno de esos estilos demostrando que ha sido un excelente fichaje. Unas guitarras suaves, acompañadas del bajo de Ismael (muy presente a lo largo del disco, lo cual siempre es buena noticia) van abriendo Collapse, el tema título y mi corte favorito del disco, en el que la banda luce todo su potencial mostrando, además, la influencia de Gojira, en lo que es un corte de Death Metal técnico muy bien elaborado, con una estructura muy dinámica y sin dejar de ser directo, vamos, que tiene absolutamente de todo. Divine Bloodshed, tralla bruta, puros aires de Death Metal, y Strangers Isolation, que vuelve a los derroteros del Groove americano de unos Lamb of God, nos acompañan al final del disco, que llega con Confortable Indifference, en la que pisan el acelerador en un híbrido thrash-death verdaderamente poderoso, y Ruling With Violence, un último corte totalmente brutal y salvaje, con Marcos luciendo un dinámico cambio de voces en las estrofas y la banda sonando compacta en todo momento.

Pues eso, chavales, un gran disco que nos dejan Agónica para ir prácticamente cerrando los discos de 2016 que tenía pendientes. Los vigueses presentan un trabajo meticulosamente elaborado y en el que se realizó un esfuerzo tremendo para que sonara como suena, es decir, como una puta apisonadora. Tralla y técnica a partes iguales, ese es el principal potencial de los vigueses que dan un firme paso  adelante en su objetivo de consolidarse en la escena extrema nacional. No hay duda de que ya son una banda experimentada y se nota en este disco, de todas formas, hay margen para crecer aún más y no tengo dudas de que lo harán, pues a través de su música se intuye una banda con ambición e ideas muy claras... y eso solo puede deparar algo bueno.

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